Para mí, éste lugar es él lugar

Juan Sasturain y Liliana Escliar  en Reta
Llegar a Reta ahora es muy fácil, ruta asfaltada, aunque peligrosa por sus curvas, lo permite. Ahora… encontrar la casa de Liliana Escliar y Juan Sasturain ya es otra cosa. Máxime, cuando a pesar de contar con los números de calles la mejor identificación es “la casa amarilla con techo a dos aguas”… pero los celulares de Claro no andan.

Ni bien llegamos con Ana y Hernán, al estacionar salió Juan y rápidamente preguntó “¿almorzaron?… Bueno entonces toman mate” y se fue a prepararlo a la cocina. Ya de vuelta a la galería donde estábamos sentados en ese momento aparece su mujer Lili (Liliana Escliar) a lo a que Juan agrega sonriendo “sorteábamos a quién le tocaba bañarse y esta vez fue a ella”. E inmediatamente le dice a Hernán, “¿vos cebás mate?… dale agarralo” con total naturalidad de que esto no era una entrevista sino una “juntada” de nuevos conocidos.
La primera pregunta que surge es ¿cómo hacen ustedes para convivir teniendo algo medianamente parecido? “Por eso mismo” dicen ambos. “¿Por qué no? No es nuestro caso el de los egos” indica Juan. Y Lili agrega “nosotros estamos juntos desde el año 94′. Yo tenía 33 y Juan 45, si a esa altura te agarra eso tenés ‘problemitas'” dice sonriendo. “Además trabajamos en paralelo, juntos habremos hecho media cosa”.
“Juan me regala unos títulos hermosos. Precisamente el de mi último libro `Los motivos del Lobo’ por el que estoy nominada para la Semana Negra de Gijón (un festival literario que se realiza en España en la segunda semana de julio). Por mi primera novela negra”. 
 De pueblo en pueblo 
La historia de Juan en estos lugares es porque “nací en Gonzales Chaves fruto de la casualidad, porque mi padre era empleado del Banco Provincia, más precisamente contador. En esa época el Estado como proveedor de laburo y de identidad tenía un lugar muy fuerte y activo. Imaginate que debo haber conocido casi todo el centro-sur de la provincia: Lobería, acá, Chaves, Médanos. Después viví en Rauch, hice la primaria ahí. En Mar del Plata de los diez a los quince. Más tarde, en Dorrego, en Dolores”.
“Y no conocía Reta…”, dice Lili. “Sí -afirma Juan- acá me trajo La Rusita. Los pueblos de esta zona sí, hasta jugué al fútbol en Independiente de Coronel Dorrego. De seguro que en el archivo de LA VOZ DEL PUEBLO debe haber fotos. Vinimos a jugar a Copetonas, a Oriente, a Cascallares -había una anécdota pueblerina que decía que siempre el capitán del equipo era el que le pegaba más alto-. También en Tres Arroyos estuve jugando al tenis, cuando este deporte no era muy bien visto para los varones… nos trataban de putitos”, dice sonriendo.
 La vida en Reta 
Los motivos del porqué Reta Liliana los tiene muy claros “vine de muy chica, con mis viejos, y tengo un recuerdo muy fuerte de estar a los 7 años acá y decir cuando sea grande voy a vivir en Reta. Que no era lo que es ahora, no había parador, tenías que escalar el médano. Ser chico en Reta en esa época era… Y bueno, me quedó, me quedó, me quedó… y cuando encontré socio que me hiciera la pata -mirando a Juan- nos venimos para acá”.
“Sí, sí, -asegura Juan-, fue Lili la que decidió todo”.
“A mí me gusta Reta por la simpleza, el que la gente te salude por el nombre. Recuerdo el primer año que vinimos, teníamos que comprar unas sillitas para ir a la playa. Entré a un negocio para averiguar el precio y cuando le digo después vuelvo la mujer me contestó ¡qué!, ¿no las querés?, sí pero vine sin plata y ¿cuál es el problema?, me contestó, no me conocía. Llevátelas y me las pagás después. A mi me pareció algo insólito, algo que en Buenos Aires `no se consigue’. Y ese tipo de cosas acá pasan todavía. Nosotros vivimos en Buenos Aires a una cuadra de Plaza de Mayo, cuando volvemos salgo la primera semana y saludo por la calle a toda la gente que cruzo y me mira pensando… a ésta ¿qué le pasa? Pero ni hablar de lo diferente, hasta caminás a otro ritmo acá. Para mí, éste lugar es él lugar”, dice sin dudarlo. Y el “claro que sí amor” sale de Juan.
El tiempo de vivir en Reta ya lleva “acá en casa 10 años” dice Lili. “Casi 15 en total desde que vinimos por primera vez. Todo por iniciativa de Lili, que compramos el terreno y fuimos haciendo la casa, antes alquilábamos”.
“En realidad este año vinimos desde noviembre y nos quedamos acá hasta que nos deporten. Lo que nos dé el laburo, la posibilidad. Además que la tecnología te permite hacerlo desde acá, eso está muy bien”, dicen ambos.
Trabajar para capital 
“Yo laburé en Página/12 hasta hace dos años, que me jubilé, si bien no tenía que hacer un horario tenía más inmediatez aunque lo hiciera desde casa. Pero ahora que eso no existe tengo mucha más libertad. Lo contrario de lo que ocurre con Lili que tiene que hacer el trabajo con la tele”, dice Juan.
Cierto que es distinto lo de Lili porque “nosotros tenemos que reunirnos seguido, pero a mí me hace la pata mi compañera Marisa Grinstein. Ella está más en la reuniones, sacando cuando son reuniones de contenido que tenemos que estar las dos, discutir y demás. Yo cuando trabajaba en Encuentro me costó hacerles entender que no estaba seis meses de vacaciones, que desde acá trabajaba mucho más. Es más complicado cuando tenés que discutir ideas o formatos pero después… podés trabajar desde cualquier lado”.
“Para mí la cuestión clave es que nosotros no trabajamos para acá. Nosotros tenemos el caso de amigos que se han venido a vivir acá y han tenido que encontrar trabajo acá. Entonces la idea del paraíso se te disuelve en dos horas y cuarto. Esto es un buen lugar para la gente joven que tiene todo por hacer. La otra es la fantasía del escritor en el lugar tranquilo, la inspiración, el mar, pileta… Porque estos lugares no te garantizan que te vas a sentar y la musa te va a empezar a dictar. Casi todo lo contrario porque la tentación de cortar el pasto o hacer otra cosa ocurre”.
Un lugar diferente 
Sara Ferraro, la chica “de rulos” que a fines de enero hizo en la Biblioteca Un Mundo de Libros el monólogo de Lili “Muerte íntima”, estudió arte dramático en Buenos Aires y acá tiene un almacén. El hijo menor de Lili, Esteban, es pianista y se vino con su novia a vivir a Reta y trabaja en la construcción. Daniela Barrera, que tiene su página Pueblo Reta estudió en Buenos Aires comunicación social y acá vive de otra manera. El pueblo es así, formado por gente que se hizo de otra cosa para poder vivir y transitar lo que significa la paz y la tranquilidad cerca del mar.
El estar en una playa en invierno no es nada fácil pero “nosotros acá lo bancamos muy bien porque vivimos como dos locos malos. Mientras haya buena calefacción en invierno todo está bien. Siempre cuando hacemos planes para el año hay dos cosas que nos prometemos y nunca cumplimos: vamos a venir más seguido en invierno a Reta y la otra es ya que estamos en Buenos Aires vamos a vivirlo, vamos a ir al cine, al teatro y tampoco sucede. A nosotros nos gusta mucho vivir en nuestra casa” coinciden los dos.
“Hay muchas veces que cuando Lili propone de ir al cine o al teatro y yo le contesto que ya lo hicimos. No quiere decir que tenga más sabiduría ni acumulación de cosas, es necesidad de vivir experiencias nuevas. Por ejemplo yo desde hace muchos años soy más relector que lector. Y eso no está ni bien ni mal. No digo que sea una virtud, para nada. Pero lo reconozco como una actitud y eso no significa ni nostalgia ni tampoco que el pasado es mejor ni otra pelotudez. Sino mecanismos propios de uno. Hay que aceptar como funciona uno y tiene que ver entre otras cosas con el momento personal y que es etario”.
Desde cuándo 
Hablando de cuándo se habían conocido y cómo: “estamos juntos desde enero del 94′, con intervalos, nos conocimos en Editorial Planeta” dice Juan. Lili lo corta, “lo voy a contar yo porque vos lo vas a hacer mal”, entre risas. “Era una época muy vamp mía, este pelo negro, muy pero muy largo, vestida de negro y tacos y… nada de eso quedó. Acababa de publicar ‘Cómo deshacerse del marido’ y me había ido bien. Salí del ascensor así -dice gesticulando- haciéndome la diva y al cerrarse la puerta se me quedó atrapado parte del pelo y el me rescató con un ‘entre una diosa y una bruja hay un paso y acabás de darlo’. Yo pensaba que él era casado y él que yo estaba con un editor. Así que hasta que una amiga no aclaró la situación no me invitó a salir. Después cuando quiso hacerlo parece que se arrepintió entonces lo llamé yo ¿no?” y lo mira.
“Como siempre si la chica no toma la iniciativa. Por suerte eligen ellas”, sonríe Juan. “Habíamos dicho de pasar ese fin de año 93-94′ juntos y no me llamó. Entonces yo lo hice el 9 de enero con una excusa de que tenía que entregar una nota para La Maga y quería que me la corrigiera. Viste -dice mirándola a Ana- que el secreto es una excusa lo suficientemente estúpida como para que se note que es una excusa pero lo suficientemente viable como para que zafe. Y desde entonces por suerte tenemos una buena sinergia. El me regala títulos, lee las cosas, no nos metemos en el laburo del otro.
“Hubo un primer período de ajustes digamos porque ya se van a cumplir 25 años, en el que íbamos y veníamos hasta que ella se hartó y una vez que quise volver me dijo pará un cachito (y cuenta una buena anécdota del porqué de Lili). Y eso motivó que yo le escribiera una serie de poemas que se llaman ´Nueve poemas escritos para recuperar a una mujer´que después -con su permiso- tuvieron forma pública y que funcionaron. Con esos recuperé a mi mujer”.
“Yo le prohibí que me llamara por teléfono, que me dejara mensajes en el contestador y el me los mandaba por fax. Eso fue en el 98′ y después nos casamos”. “En el 2005 -dice Juan- cuando logramos reunir a todos los hijos. Que estaban repartidos por el mundo y mi primera nieta. Pero no tenemos hijos juntos, perdimos un par de embarazos”.
El presente 
Lili tiene dos hijos: Esteban y una hija mayor. Y Juan tres, dos de una “primera administración” y Lola. Son cinco en total y este año han venido todos a Reta.
“Dos de mis hijos están en Barcelona -dice Juan-; Diego que es muy buen escritor (ese escribe en serio) publicó dos novelas ‘El tridente’, en 2008, la segunda ´Un episodio confuso´ (2012) y tiene otra ahora. El otro es Pablo ‘el Monga’ Sasturain, muy buen tatuador y Lola, la más chica, que escribe en el No de Página/12 de cosas que yo no tengo la más p… idea de qué habla. Así que tenemos un montón de chicos, para todos los gustos, todos buena gente.
Tan buena gente como Lili y Juan, con quienes mantuvimos una charla de literatura, cine, tele, arte, política, de todo. Amenizada por buenos mates -casi tres termos en total- que de a ratos cambió de cebador. Habrá que ver si en otro “encuentro” nosotros, al menos, ponemos la yerba.
FUENTE: Por Horacio Arbasetti – LaVoz del Pueblo