Pecio encontrado en Balneario Reta

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Pecio en Balneario Reta

 

En el año 2002 un trozo de madera que emergío de la arena movilizó al Balneario. Un trozo de madera quedó expuesto luego de una fuerte tormenta. Un retense que lo avistó llevó la noticia al pueblo. Varios pobladores se reunieron para excavar descubriendo que era un barco que se encontraba enterrado en la playa. Se comunicó a la Fundación Albegna (fundación creada con el objetivo de trabajar por la preservación del patrimonio cultural subacuático) y expertos en arqueología subacuática como la Lic. Mónica Valentini se hicieron presente en el lugar para estudiar el hallazgo. Se determinó que se trataría de una embarcación construida a fines del sigo XVII o XIX. Se cree que puden encontrarse otras embarcaciones enterradas.

A este hallazgo se lo denominó el Pecio de Reta (pecio es la denominación que se le da a los restos de un barco que ha naufragado).

El siguiente texto pertenece a una publicación de la UNESCO sobre patrimonio cultural subacuático:

* “Pecio de Reta”, Provincia de Buenos Aires. Dirigido por la Lic. Mónica Valentini y Fundación Albenga. Octubre 2002. Restos en zona de playa pertenecientes a una embarcación de casi 30 metros de eslora muy probablemente de fines del siglo XIX. Esta excavación se realizó con la participación y colaboración de los habitantes de la pequeña localidad donde se hallaron los restos (Reta), convirtiéndose en una de las primeras experiencias participativas de una comunidad en la excavación arqueológica de restos náufragos.

Actualmente son pocos los que conocen la ubicación real de pecio que permanece oculto bajo la arena, dato que se mantiene en reserva para la protección

del mismo.

Crónicas del país

Estudian los restos del barco varado en las playas de Reta

Creen que perteneció al siglo XVIII

Buscan determinar su procedencia y qué tipo de misión cumplía en las costas bonaerenses
El esqueleto está casi entero
La Fundación Albenga investiga el naufragio hace un año
RETA.- De a poco, los arqueólogos marinos van develando el misterio que guardan los restos del barco que una tormenta dejó al descubierto en estas playas en la primavera de 2001.

El pecio -así llaman a lo que queda de una embarcación naufragada- fue hallado luego de una sudestada, muy cerca de la orilla, por los vecinos de este pequeño balneario situado 90 kilómetros al sudeste de Tres Arroyos.

En un principio, y tras un rápido reconocimiento, se le adjudicó una antigüedad de por lo menos cinco siglos, y no pocos vecinos se ilusionaron con que se tratara del galeón que, según la leyenda repetida en la zona, fue arrojado a la orilla por un remoto temporal.

Sin embargo, los especialistas que analizan los restos desde hace unas dos semanas anticipan que estaríamos ante la presencia de una nave mercante del siglo XIX, que muestra rastros de haber sufrido un incendio, tal vez posterior al encallamiento, y que en su construcción o reparación se usó madera de una conífera que sólo crece en América del Norte y Europa, y que nunca se plantó en América del Sur.

Trabajo en la arena

“Que sea un barco más moderno de lo que se supuso al principio no atenúa el valor de este descubrimiento. Para nosotros, es un desafío arrancarle sus secretos, pues es la primera vez que trabajamos con un pecio sobre la playa”, explicó a LA NACION la arqueóloga Mónica Valentini, profesora de Metodología de la Investigación Arqueológica, de la Universidad Nacional de Rosario.

“Es cierto, la mayoría de las investigaciones que enfrentamos son submarinas. Por eso, en esta ocasión, cuando el acceso al barco es sencillo, trajimos seis alumnos para que se vayan fogueando”, apuntó el arquitecto Javier García Cano, docente de la Universidad Nacional de Buenos Aires y, al igual que la dama, integrante de la Fundación Albenga, institución que alienta esta misión.

A ella sumaron su apoyo el Museo del Banco de la Provincia de Buenos Aires, el municipio de Tres Arroyos y la Armada Argentina, que encargó al comandante de la agrupación de buzos tácticos, capitán de fragata Juan Nicolau, proveer los hombres y la logística imprescindibles para facilitar el trabajo de los investigadores.

“Nos hemos propuesto establecer con la mayor precisión de dónde venía la nave, qué función cumplía y, esencialmente, qué le pasó”, subrayó Valentini.

“Algunas certezas nos las llevaremos de aquí y las otras, esperamos que surjan luego, de los laboratorios y de repasar una y otra vez en nuestros escritorios los elementos recolectados en la playa”, agregó García Cano.

Espinazo de madera

En las arenas de Reta, muy cerca de la orilla del mar y unos cuatro kilómetros al sur del casco urbano de este balneario, poblado por 284 almas, se llevan adelante los trabajos sobre lo que quedó del buque.

Allí se cavó hasta dejar a la intemperie una buena porción del casco, que se estima tiene unos 30 metros de eslora y 8 de manga. Todavía no se sabe cuál es la proa y cuál la popa.

Mientras los alumnos y varios buzos tácticos trabajan con pequeñas palas y pinceletas dentro de las cuadrículas en las que se han dividido los restos, Valentini detalla las características del hallazgo: “Acá lo que quedó es el sollado, es decir, la parte inferior del casco”.

Para el peregrino que se asoma a la tarea, se trata de un descomunal espinazo de madera.

“Tenemos las cuadernas, la sobrequilla, el tablazón y un forro metálico. También suponemos que debe estar la quilla, pero aún no la destapamos”, explica.

“Ese revestimiento es de una aleación de cobre que, con el fin de proteger la madera de un gusano que la carcomía, comenzó a usarse en la industria naval a fines del siglo XVIII”, subraya.

También se rescataron de la estructura pernos y tarugos, también de madera, y tachuelas de cobre y bronce. Se levantaron planos, se hicieron gráficos, se filmó y se fotografió toda la faena.

“Esto es lo que hay en estos 144 metros cuadrados que tiene la excavación, pero todavía nos queda determinar si en otros sectores de la playa quedaron más fragmentos”, dice el arquitecto.

Dicha búsqueda se realizará en el otoño de 2003, cuando los científicos regresen para una nueva campaña.

Para entonces, tal vez le queden pocos secretos por revelar al pecio o a “esos palos que sobresalían de la arena”, tal como definió su hallazgo elarriero de la zona apodado elTati Sánchez, un baquiano que, en septiembre del año anterior, mientras buscaba unos novillos perdidos en los potreros cercanos a la costa, se topó con lo que desde ese instante se conoce por aquí como “el galeón de Reta”.

Por Oscar E. Balmaceda
Enviado especial

Glosario náutico

Fuente: Diario La Nación 14 de octubre 2002